HAY QUE SER Y PARECER
Nuestra imagen vive en la mente de los demás. Lo que proyectamos influye directamente en las oportunidades que se nos presentan. La percepción que los demás tienen de nosotros puede abrir o cerrar puertas, por lo que cuidar y alinear nuestra imagen con nuestros objetivos es clave para el éxito personal y profesional.
Es imposible no comunicar. Cada gesto, palabra, vestimenta y actitud envía un mensaje, incluso cuando no somos conscientes de ello.
Si eres y no pareces, no funciona;
si pareces y no eres, tampoco funciona.
Debes ser y parecer.
Un claro ejemplo de esto se encuentra en la política. En la historia de los debates presidenciales en Estados Unidos, el primer debate televisado a color en 1960 entre Richard Nixon y John F. Kennedy marcó un antes y un después en la política y en la percepción de la imagen pública. Millones de espectadores vieron el evento en vivo y su impacto fue decisivo en la contienda electoral.
Nixon llegó tarde, rechazó el maquillaje, sudó visiblemente bajo las luces del estudio y parecía nervioso. Nunca miró directamente a la cámara, no sonreía y su barba incipiente le daba un aspecto descuidado. Su lenguaje corporal, con los puños apretados sobre el atril, transmitía tensión y agresividad. En contraste, Kennedy proyectaba juventud, confianza y carisma. Puntual y bien preparado, aceptó el maquillaje y lucía impecable. Hablaba con seguridad, miraba a la audiencia y dirigía su mensaje a diferentes sectores de la sociedad. Su esposa, Jackie Kennedy, era un ícono femenino y su imagen familiar se reforzó con fotografías en la prensa rosa paseando con su hijo. La diferencia en la percepción fue tal, que quienes escucharon el debate por radio consideraron a Nixon el ganador, mientras que quienes lo vieron en televisión apoyaron mayoritariamente a Kennedy.
Curiosamente, después de tantos años, las mismas técnicas de imagen y comunicación siguen utilizándose en la política y en los negocios. Se continúa endulzando el oído de muchos con discursos bien estructurados y una imagen calculada. Sin embargo, hoy sabemos que la clave para lograr una influencia real es la coherencia: para que las cosas funcionen, debes ser y parecer.
La imagen sostenida en el tiempo se convierte en identidad. Por ello, trabajar en nuestra imagen personal, en la de nuestra marca o en la de la empresa que representamos es de vital importancia. Nuestra identidad y reputación pueden abrir puertas, generar oportunidades de negocio e incluso ayudarnos a construir relaciones personales sólidas y saludables.
Nuestra imagen no puede quedar en manos de la ambigüedad. Todo el tiempo lanzamos estímulos verbales y no verbales que impactan en cómo nos perciben los demás. La historia nos ha demostrado que la forma en que nos presentamos ante el mundo es determinante. Pero también nos enseña que la imagen sin sustancia es efímera. La verdadera clave del éxito es alinear lo que somos con lo que proyectamos.


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