LAS ÚLTIMAS PALABRAS: EL LEGADO DE NUESTRA VOZ
Hay algo profundamente poderoso en la palabra. A través de ella construimos, derribamos, amamos, herimos, damos esperanza o apagamos sueños. Acompañamos nuestra voz con gestos, miradas, silencios que gritan, abrazos que hablan más que mil discursos. La comunicación es el puente que nos une, y sin embargo, en los momentos más cruciales de la vida, nadie nos enseña qué decir, cómo decirlo, qué callar y cuándo hablar.
Si supiéramos que una sola frase puede marcar nuestro destino, ¿seríamos más cuidadosos con lo que decimos? Un "¿quieres ser mi novia?", un "sí, acepto", un "lo lamento, hemos decidido elegir a otro candidato", un "te amo" antes de que alguien cruce una puerta que no volverá a abrirse... Las palabras tienen peso, dejan huella y, muchas veces, determinan la historia de nuestras vidas sin que nos demos cuenta.
¿Qué hay de los silencios? A veces, callar es un grito. Cuando en el trabajo te piden hacer algo que no va con tus principios y decides no pronunciar palabra, cuando alguien que amas espera una respuesta y solo encuentra el eco de su propia voz. El silencio también es un mensaje que se queda flotando en la memoria de quien lo recibe.
Pero hay algo aún más trascendental: nuestras últimas palabras. Esas que no sabemos cuándo diremos, esas que podrían quedar grabadas en la memoria de alguien y resonar por generaciones. ¿Te has preguntado qué dirás cuando llegue ese momento? ¿Qué palabras sellarán tu legado quieres dejar con tu voz? Quizá un "gracias" lleno de amor, un "fui feliz", un "lo hice lo mejor que pude", o tal vez un "te amo" que alguien guardará en su corazón para siempre.
Pensar en nuestras últimas palabras nos obliga a preguntarnos si estamos en el lugar correcto, haciendo lo que realmente queremos, con la persona correcta, siendo fieles a nuestros valores. Nos confronta con la verdad: ¿somos el resultado de nuestras propias decisiones o de los sueños que otros trazaron para nosotros? ¿Vivimos con propósito o simplemente sobrevivimos?
Si todo lo que somos pudiera resumirse en una sola frase, ¿cuál sería la tuya? ¿Valdría la pena que alguien la recordara? Hoy te invito a reflexionar sobre tu propósito, sobre tu legado. Y más allá de las palabras, que estas últimas estén respaldadas por una vida de acciones coherentes, que hayan suficientes testigos de lo que fuiste, de lo que diste, de lo que sembraste en los demás. Porque quizás, más importante que pensar en nuestras últimas palabras, es asegurarnos de que, cuando las digamos, tengan sentido y sean el eco de una vida bien vivida.
A mi tío Joel que tenía el don de la palabra.
América Magaña
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