Era solo un meme… ¿qué podía salir mal?

 Bueno, pues podían terminar pidiendo disculpas el jugador, su club y toda una liga de fútbol.



Kylian Mbappé contó en una entrevista que le parecía divertido un meme en el que su rostro aparecía sobre el de un «dictador chino». Aunque no mencionó un nombre, la imagen a la que aparentemente se refería mostraba a Mao Zedong, una figura histórica y política especialmente sensible en China.


Lo que siguió fue una crisis que rebasó por mucho la entrevista: críticas, marcas chinas que terminaron sus acuerdos con el jugador y la suspensión de transmisiones de LaLiga en la televisión estatal china.


Mbappé ofreció disculpas. Después lo hicieron LaLiga y el Real Madrid.


Y aquí viene la parte que me interesa desde la comunicación estratégica:


Para una persona puede ser un comentario casual. Para otra, una ofensa. Y para una organización, una crisis internacional.


Cuando eres una figura pública, tus palabras viajan contigo… y también con tu equipo, tus patrocinadores y las comunidades que te siguen. Y sí: viajan bastante más rápido que cualquier comité de crisis.


Este caso nos recuerda la importancia de entender los contextos culturales y políticos en los que nos comunicamos. La intención importa, pero el impacto también.


Y nos deja una pregunta incómoda: ¿dónde encontramos el equilibrio entre la libertad de expresión, el respeto a las sensibilidades culturales y la presión de los intereses comerciales y políticos?


Porque comunicar estratégicamente no significa vivir con miedo a equivocarnos. Significa ser conscientes de que lo que decimos puede tener alcances que no imaginamos.


Al final, la reputación se construye con muchas decisiones… y a veces se pone a prueba con una sola frase.

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